Estamos en julio. Ya pasamos la mitad del año y sentí la necesidad de detenerme un momento para revisar mis metas.
Hasta ahora, puedo decir que he alcanzado varias, tanto en el ámbito profesional como en el personal. Y es precisamente de esto que deseo hablarte hoy, querido empresario o querida empresaria.
Hace siete años escribí un documento con metas importantes para mi vida. Ayer volví a abrirlo y descubrí que muchas de ellas ya se habían cumplido.
Fui marcándolas una por una.
Y lloré.
Lloré de emoción y agradecimiento porque, mientras las leía, recordaba todo lo que había vivido para llegar hasta aquí.
No te cuento esto para que compares tu proceso con el mío. Cada persona tiene su tiempo, sus circunstancias y sus propias luchas. Te lo cuento para recordarte que aquello que hoy parece lejano también puede comenzar con un pequeño paso.
Muchas veces no faltan recursos, falta orden
Cuando pienso en las metas, recuerdo las idas y venidas que han tenido en mi vida profesional.
Por alguna razón, todo era muy fluctuante. En algunos momentos, mis metas personales eran más fáciles de alcanzar que las profesionales y, en otros, sucedía exactamente lo contrario.
Con el tiempo comprendí que reconocer la importancia de tener metas es fundamental para obtener mejores resultados.
Cuando no definimos claramente lo que queremos, también se vuelve difícil saber qué debemos priorizar.
Quizás, por lo sencilla que parece esta acción, muchas veces nos resistimos a hacerla. Escribir una meta, organizarla y darle seguimiento parece demasiado simple para producir grandes resultados.
Pero sí puede producirlos.
Muchas veces no nos faltan recursos para alcanzar una meta. Nos falta orden, constancia y una razón suficientemente importante para continuar.
Alcanzar una meta no significa hacerlo todo perfectamente
Que hoy pueda mirar atrás y reconocer mis metas cumplidas no significa que durante estos siete años hice todo bien.
Hubo pausas, cansancio, desorden, cambios de planes y momentos en los que sentía que no estaba avanzando.
También hubo metas que me exigieron más tiempo, más paciencia y más fuerza de la que imaginaba.
Pero hoy comprendo algo: avanzar lentamente también es avanzar.
En ocasiones creemos que, si no cumplimos perfectamente aquello que nos propusimos, ya fracasamos. Y no siempre es así.
Quizás te propones revisar las finanzas de tu empresa todos los viernes. Durante el primer mes solamente lo haces una vez. En el segundo, consigues hacerlo dos veces. En el tercero, esa revisión comienza a formar parte de tu rutina.
No significa que lo hiciste perfectamente desde el inicio. Significa que estabas entrenando tu constancia.
Cada vez que cumples una pequeña acción, sucede algo muy importante: comienzas a confiar más en ti.
Los pequeños cambios también cuentan
A mí me motiva reconocer los pequeños cambios en mis hábitos.
Muchas veces pueden parecer insignificantes, pero para mí representan el comienzo de un compromiso mayor con mi bienestar y con la vida que deseo construir.
Porque cuando unes un pequeño cambio con otras decisiones que te hacen bien, el resultado comienza a ser mucho más grande.
Cada acción suma.
Para mí, cuidar mi bienestar también significa cuidar a mis hijos, mi empresa y todo aquello que depende de mí. Tengo una familia que sostener, una empresa que dirigir y un mundo interior que está viviendo un movimiento muy profundo.
Por eso, una acción pequeña puede representar mucho más de lo que parece.
También me da paz saber que estoy viendo cambios y trabajando en esa Natalia que tanto deseo llegar a ser.
La motivación no siempre estará presente
Para alcanzar nuestras metas necesitamos claridad, organización y fortaleza.
Pero también debemos aceptar que no estaremos motivados todos los días.
La motivación puede ayudarnos a comenzar, pero la organización y el compromiso son los que nos permiten continuar.
Esa fuerza no nace sola.
Nace de un propósito.
Nace de una visión.
Nace de saber por qué comenzaste y quién deseas llegar a ser.
Ahora imagina este mismo concepto en tu negocio
Piensa en todo lo que podrías transformar comenzando con pequeñas acciones:
Responder más rápido a tus clientes.
Revisar tus cuentas cada semana.
Organizar mejor tus proyectos.
Dar seguimiento a una propuesta.
Cumplir los tiempos prometidos.
Capacitar a tu equipo.
Dedicar algunos minutos diarios a buscar nuevas oportunidades.
Un mejor servicio al cliente, una administración más organizada o un equipo más comprometido no se construyen en un solo día.
Son el resultado de pequeñas decisiones repetidas durante mucho tiempo.
Una acción puede parecer insignificante hoy, pero, cuando la repites durante meses o años, puede cambiar el rumbo de tu empresa y también el de tu vida.
Siete años pueden parecer mucho tiempo
Pasaron siete años desde que escribí aquellas metas.
Sí, puede parecer mucho tiempo. Pero eran metas fuertes e importantes.
Hoy comprendo que esos años no fueron solamente tiempo esperando. Fueron años de trabajo, aprendizajes, pausas, decisiones, errores y nuevos comienzos.
Cuando abrí aquel documento y pude marcar tantas metas como cumplidas, entendí que cada pequeño paso había valido la pena.
Y me hice una pregunta que hoy también quiero hacerte:
Si dentro de siete años volvieras a leer las metas que escribiste hoy, ¿cuántas te gustaría poder marcar como cumplidas?
Comienza de una manera sencilla
Siéntate.
Haz una oración, una meditación o aquello que te permita conectar con tu parte espiritual y escuchar lo que realmente deseas.
Después, escribe.
Escribe una meta y, debajo de ella, anota las tres primeras acciones que puedes realizar para acercarte.
No intentes resolverlo todo hoy.
Comienza con una acción pequeña y dale un espacio real en tu agenda. Aunque solamente puedas dedicarle algunos minutos, ese pequeño espacio también cuenta.
Deja tu meta en un lugar visible. Revísala. Trabaja en ella. Haz los ajustes necesarios y no la abandones solamente porque no pudiste hacerlo todo perfectamente desde el principio.
Tu proceso no tiene que parecerse al mío ni al de ninguna otra persona. Lo importante es reconocer tu punto de partida y comenzar desde allí.
Desde el corazón
Incluso en medio de los días difíciles, intento reconocer todo aquello que continúa siendo valioso en mi vida.
Es un privilegio estar viva, tener salud, un techo, alimento, amigos y trabajo. También es un privilegio poder apoyar a otras personas que pasan por nuestro camino.
No sé cuánto tiempo necesitarás para alcanzar tus metas.
Algunas llegarán rápido. Otras podrán tomar años.
Lo importante es no abandonar la conversación contigo sobre la vida que deseas construir.
Hoy miré un documento escrito hace siete años y pude marcar muchas metas como cumplidas.
Lloré, agradecí y comprendí que cada pequeño paso había valido la pena.
Quizás hoy también sea un buen momento para comenzar a escribir las tuyas.
No desistas.
Continúa siempre, siempre con fe.
Con cariño,
de alguien que aprendió a caminar con metas, sin olvidar agradecer y vivir el presente.